Donde Empieza El Mar

Una noche quise escapar.

No sabía de qué estación venía
ni en cuál estación terminaban mis heridas.
Solo aguardaba, solitario, un tren
esperándome en la tibia oscuridad.

Subí.

El tren llevaba mi miedo en los vagones,
mi pasado en las maletas,
y una vieja tristeza
sentada junto a mí.

Entonces apareció el mar.

Era enorme.
No preguntaba de dónde venía nadie.
Se tragaba las huellas
y devolvía estrellas.

Pensé:
tal vez la libertad sea esto,
irse lejos,
hasta que nadie pueda encontrarnos.

Pero el mar sabe cosas que nosotros olvidamos.

Bajé del tren.

No porque hubiera llegado,
sino porque comprendí
que también se puede viajar
sin escapar.

Y caminé hacia el mar.

Cada ola se llevaba un poco del ayer.
Cada paso traía un poco del mañana.

Y allí estabas tú.
El dolor más hermoso de la vida.

No como un puerto,
porque el amor no es un lugar donde esconderse,
sino como una luz
que enseña a los barcos
por qué vale la pena navegar.

Y luego te fuiste.
Desde entonces sigo andando.

El tren continúa alejándose.
El mar continúa llamándome.

Y yo, por primera vez,
no quiero desaparecer.

Quiero ser libre
para quedarme,
para amar,
para mirar hacia dentro
y encontrar, detrás de todo lo que fui,
una conciencia más grande
abriendo sus ventanas al futuro.

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Contrato De Sangre Mírame De Frente

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