No Me Preguntes Si Temblé
No me preguntes si temblé.
claro que temblé.
pero hubo una hora
donde quedarse
era romperme más
que partir.
y entonces hice lo difícil:
creer en mí. Creerle
a esa parte mínima de mí
que todavía decía
«ven».
Y me fui.
pero no por fuerza:
sino por amor
a lo que aún quedaba
de mí, en mí.
Y no. No fue valentía.
La valentía tiene demasiado ruido
y yo solo tenía cansancio.
Me quedé hasta donde pude,
como se quedan los árboles
cuando el invierno insiste.
Porque llegó un día
en que comprendí
que no toda permanencia es noble
ni todo adiós es derrota.
Sí, me elegí.
Con esa tristeza limpia
de quien cierra una puerta
sin rencor
y descubre,
al otro lado,
que el temblor también es vida
que el dolor también es casa.
No hay comentarios