Olvidarte

No quiero olvidarte;
no, no quiero.

Sería como pedirle al mar
que niegue la sal que en él habita.

Fuiste un país breve
y, sin embargo, inmenso;
una lámpara encendida
en la habitación más secreta de mi sangre.
Aprendí tu risa como quien aprende el fuego,
y hubo días en que vivir
era apenas pronunciar tu nombre.

Ahora el amor terminó, sí,
pero no su luz.

Porque hay ausencias
que no abandonan:
se quedan sentadas en la memoria,
mirando en silencio,
mientras el corazón —terco navegante—
vuelve, de vez en cuando,
a las costas donde acaso fue feliz.

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No Me Preguntes Si Temblé El Día En Que Te Fuiste

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