Quizá El Amor Sea Eso
Hay sentimientos que se marchan
y sellan tras de sí, todas las puertas.
Tú no.
Tú aprendiste el oficio del agua.
Te escondes como un niño
en el cristal que amanece,
en la silla que nadie mueve,
en el reloj que finge avanzar
mientras eternamente espera.
A veces creo haberte olvidado.
Entonces el viento cambia de nombre,
la tarde se inclina en los tejados
y una luz antigua
te pronuncia por dentro.
No vienes.
Pero tampoco te vas.
Eres esa forma que tiene la memoria
de respirar sin pedir permiso,
la sombra que no oscurece,
sino que empaña.
He querido abrir todas las ventanas,
llenar la casa de otras voces,
aprender el idioma del olvido.
Y, sin embargo,
cada alegría termina encontrándote,
como los ríos encuentran el mar
aunque nunca lo hayan visto.
Quizá el amor sea eso:
descubrir que algunas ausencias
no fueron hechas para doler,
sino para enseñarnos
que el corazón también tiene raíces,
y que hay sombras
que no nacieron de la noche,
sino de la luz
que un día se atrevió a quedarse.
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