La Noche Vino A Buscarnos

La noche vino a buscarnos
con los bolsillos llenos de silencio.
Traía una lámpara pequeña
para que el mundo no encontrara
el camino hasta nosotros.
Entonces aprendimos
que hay abrazos
capaces de desobedecer a los relojes,
y besos que hacen olvidar
el oficio antiguo de la despedida.
La luna, curiosa,
se quedó asomada a la ventana
como quien descubre
que dos cuerpos también pueden ser país.
Y nosotros,
que nunca tuvimos más riqueza
que el temblor de nuestras manos,
gastamos la madrugada;
como si el amanecer
fuera una mentira inventada por la distancia.
Desde aquella noche,
cuando el tiempo pregunta por mí,
le respondo con tu nombre.
Porque hay noches que terminan.
Y hay otras
que deciden quedarse
viviendo para siempre
por debajo de la piel.
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Quizá El Amor Sea Eso Dos Orillas

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