Tus Años Y Mis Años
Te amé como se ama aquello
que no se debe nombrar demasiado,
para que el tiempo no lo gaste.
Tú llegaste con tus ojos de verano
y esa manera de reír
como si el mundo todavía empezara.
Yo llegué con mis elefantes alocados
mi segunda juventud
y mis discretos inviernos;
con la costumbre de querer sin ruido,
y las manos llenas de años.
Y aun así, hubo una casa.
Hubo mañanas compartidas,
un café tibio,
tu cabello sobre mi hombro,
la noche cayendo despacio
sobre dos cuerpos que olvidaron los horarios.
Fuimos verdad.
No un error,
no una sombra,
no un capricho del deseo.
Pero afuera estaban las verdades,
como dos relojes obstinados
marcando horas diferentes.
Y aprendimos lo imposible:
que se puede amar hasta el fondo
sin tener derecho al futuro.
Ahora cuando pienso en ti
no recuerdo la despedida.
Recuerdo tu voz diciendo mi nombre
como si por un instante
tus años y mis años
hubieran sido la misma edad.
No hay comentarios