Ese Murmullo De Tu Risa

Ese murmullo en el pasillo, tu risa,
los recuerdo como un eco
de algo que creí haber visto en tu mirada.
Pero el espejo no miente:
solo devuelve mi propia mano vacía,
tocando el lugar ahora vacante
donde tu hombro debía estar.

Cada palabra tuya es un ascua que apago,
porque me enciende y me quema,
mientras tú apenas sientes el calor.

Me dices: «Tal vez», y ese tal vez
es un clavo más en la cruz de mi paciencia.
No pido un altar, pido un lugar,
un espacio en tu cotidianidad,
pero tú solo das el vértigo de la espera
y la certeza de la duda.

Mi fe era un pañuelo que ondeaba en tu puerta,
y tú, desde la ventana, lo veías
sin decidir si era un adiós o una bandera.
Ahora sé que tu amor es un puente
que solo cruzas hasta la mitad,
y te quedas ahí, mirando el río,
mientras yo me ahogo en la orilla
de lo que no termina de ser.

He perdido la esperanza de tus besos,
el dogma de tu piel,
el credo de tus manos con las mías.
Ya no rezo en tu iglesia de promesas rotas;
solo ardo en la hoguera de tus casi,
en el infierno de tus quizás.

Y aunque me quieras,
me quieres como se quiere al mar:
de lejos,
sin mojarte,
sin hundirte.

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Hoy renuncio A Ti

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