Una estación Sin Nombre
Ya tu amor no me estremece:
aprendió a quedarse quieto,
como un tren detenido
frente a una estación sin nombre.
Tú dices que me quieres.
Y yo te creo.
Y ese es, quizá,
el modo más triste de perderte.
Porque no fue otro abrazo,
ni otra voz,
ni otro destino.
Fue tu miedo
levantando una casa
donde nunca habría puertas.
Y yo me quedé llamando
con las manos vacías,
esperando un mañana
que siempre llegaba
disfrazada de despedida.
Me duele más tu amor
que cualquier olvido,
porque te tuve tan cerca
que aún escucho tu silencio
pronunciar mi nombre;
como si acaso algún día
hubieras querido quedarte.
No hay comentarios