Para No Dormirme A Solas

Anduve sin mí,
con las manos llenas de nada,
buscando una puerta
que no sabía nombrar.

Luego encontré tus ojos.

Y comprendí que el hogar
no era un lugar,
sino este instante
en que el mundo volvía a mí
cada vez que me mirabas.

Desde entonces supe
que, aunque ya te haya perdido,
hay un camino que no olvido:

tu mirada,
ese punto de regreso
al que siempre vuelvo
para no dormirme a solas.

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La Intemperie La Edad De La Distancia

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