Dos Orillas
No fue el amor quien nos dejó.
Fue el tiempo,
que tiene la costumbre de sentarse entre dos cuerpos
hasta volverlos dos orillas.
Creíamos caminar en la misma dirección,
pero los caminos también sueñan,
también se cansan,
también olvidan a quienes los recorren.
Hoy llevo tu ausencia
como se lleva la lluvia después de la tormenta:
sin rabia,
con la ropa todavía húmeda
y el cielo aprendiendo despacio otro color.
He comprendido que nadie regresa
a aquel lugar donde antes fue feliz.
Porque el lugar ha seguido andando.
Y nosotros,
sin darnos cuenta,
también.
Por eso ya no te busco.
Camino.
Y es que hay derrotas
que, después de mucho andar,
terminan pareciéndose a la paz.
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