Tu Incendio
Bajo el palio de una noche que se desgarra en el umbral,
donde la penumbra se vuelve cómplice de la piel y del aliento,
renuncio a la mesura, a la cortesía, a la paz del orden,
y me rindo ante el incendio clandestino de tu mano con la mía.
Eres la sedición del pulso, el ardor que recorre la sangre,
esa fiebre que se posa sobre el cuerpo como un bautismo de fuego.
No busco la calma de tu cercanía, ni el consuelo del refugio,
sino la entrega absoluta donde la carne se vuelve una oración.
Es este juego perverso, este azar de manos que se buscan,
un naufragio voluntario en el abismo de tu mirada oscura.
Sabes que el deseo es un delito que la razón no juzga,
una trampa de seda donde la voluntad se rinde, desarmada.
Que se desmorone el orden y que el mundo se quede en silencio,
mientras nos fundimos en el sagrado y letal acto de amarnos.
No hay salida posible, solo el fuego imparable del instante,
donde el alma se entrega, en un solo grito, al delito de amarte.
No hay comentarios