El Día En Que Te Fuiste
No recuerdo el día en que te fuiste;
no físicamente, sino en el alma
pues el desamor nunca llega haciendo ruido.
No sé cómo ocurrió:
primero desaparecieron las preguntas.
Después dejamos de señalar las cosas:
mira eso,
escucha aquello,
quédate un momento más.
Y una tarde cualquiera,
sin ceremonia,
descubrí que ya no tenía
a quién contarle el color del cielo.
Entonces entendí:
el amor no se rompió;
Se fue mudando.
Abandonó las sábanas,
la taza compartida,
la costumbre de esperar.
Lo dejamos en algún sitio,
como dejan los viajeros en los hoteles,
algo que ya no necesitan:
un gesto,
dos promesas,
el eco de un nombre.
Y yo seguí viviendo entre esos objetos.
Abrí ventanas.
Sacudí recuerdos.
Puse flores donde antes hubo incendios.
Pero hay ausencias que no se marchan:
aprenden a sentarse en silencio
y te acompañan como si fueran tuyas.
De ti no me quedó la tristeza.
Me quedó algo más extraño:
la manera de mirar las calles
como quien busca una ciudad
que sabe que ya no existe.
Y aun así,
algunas veces,
cuando el viento desordena el mundo,
me sorprendo haciéndote sitio.
No para que vuelvas.
Sólo para recordar
que hubo un tiempo
en que alguien habitó aquí
y encendió la luz.
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