La Culpa

Antes de saber quién era
ya me enseñaron el peso de la culpa.

Me enseñaron a bajar los ojos,
cuando el cuerpo despertaba,
a llamar pecado al deseo,
a esconder la pregunta
debajo de la lengua.

Aprendí del miedo
antes de poder siquiera verlo;
a corregir mi forma de mirar,
de hablar, de sentir,
de querer.

Crecer fue aprender
que hasta mi propia piel
podía acusarme.

Había un dios en cada espejo,
un dedo señalando
lo que aún no sabía nombrar.

Y así la culpa creció conmigo:
más puntual que el miedo,
más fiel que la familia,
más persistente que el amor
cuando el amor ya se ha perdido.

Y crecí creyendo
que ser yo mismo
era algo por lo que
debía pedir perdón.

Ahora intento arrancármela,
pero habla con mi voz.

Me dice:
no seas tú.

Y por primera vez
no rezo.

Y por primera vez
me escucho.

Y en el silencio
nadie me castiga.

Y mi voz, por fin,
no pide ya perdón.

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Lo Que Rompiste

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