Lo Que Rompiste

No me pidas paciencia
después de incendiar la casa.
No me hables de promesas:
ya aprendí a reconocer
el sabor de tu mentira.

Yo puse las manos,
tú pusiste excusas.
Yo llamé amor
a esperarte en la puerta;
tú llamaste amor
a dejarme siempre fuera.

Y basta.

No voy a llorar por lo que fuimos.
Voy a nombrarte lo que hiciste:
rompiste la confianza,
rompiste el pacto,
y cada vez que dijiste «mañana»
me enseñaste a desconfiar de cada noche.

Así que vete.

No porque ya no duela,
sino porque duele demasiado
seguir entregándote a ciegas
lo que nunca supiste cuidar.

Hoy no te debo perdón.
Te debo distancia.
Y a mí mismo,
la rabia suficiente
para no volver.

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Contrato De Sangre

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