Me Quedé Con Las Ganas
Me quedé con las ganas, amor,
de tomar ese café,
como se queda la tarde
prendida del último dorado del sol,
sin atreverse a morir del todo.
Me quedé aguardando tu paso,
tu voz derramada como vino lento,
tu promesa —esa paloma tibia—
posada al fin entre mis manos.
Y aquí me tienes,
elegantemente herido,
con el corazón vestido de fiesta
y sin ti como invitado.
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