No Se Admiten Primaveras
Y yo que había colgado
sobre mis años
un cartel discreto que decía:
no se admiten primaveras…
Y míreme ahora,
sacudiendo el polvo de las sillas,
probando la luz en las cortinas,
dejando la puerta entornada,
por si un día su sonrisa
decidiera entrar sin avisar.
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