Africa

Dejo correr mis pensamientos, en la soledad de esta montaña, donde me encuentro a mí mismo y encuentro mi ser y mi razón. En este continente que me vio nacer me encuentro una vez más, fuera de casa; Y siento en este momento, que nunca tuve una. Tengo la mirada perdida, la de quien ve si querer ver nada. Acompañado por mi buen amigo Pablo, y nuestro guía, Atem, me dejo llevar por las chispas encendidas de esta hoguera, que surgen de los troncos que nos calientan y dan luz. Las observo hasta perderse y confundirse con la noche, en busca de las estrellas, que brillan aquí más que en ningún sitio. En la penumbra de la noche, en el silencio más profundo, tan sólo el fuego da conversación. Mis recuerdos retornan a tiempos pretéritos, y la realidad se confunde con los sueños. Debe ser el mal de altura, y la melancolía que generan esta oscuridad y este silencio. Me quedo inmóvil, distante, con la mirada perdida en el negro infinito. Pienso en las cosas que he dejado atrás, en las que he logrado, en lo conseguido; pero siempre hay una idea que me acompaña: siento que nunca tuve casa, que nunca encontré mi sitio.

Nadie me conoce en estas tierras, ni yo conozco a nadie. La soledad más absoluta me rodea y, al tiempo, me embriaga. Aquí, en estos montes infinitos, en esta oscuridad que todo lo envuelve, puedo ser yo, y dejar volar mis pensamientos. Este crepúsculo y este fuego poco a poco me adormecen. En esta soledad pacífica mis pensamientos fluyen más veloces que nunca, todo se vuelve tranquilo y los sentimientos invaden mis pupilas. Pablo me pregunta si estoy bien; yo le digo que sí, que es el humo del fuego, que humedece mis ojos.

Pero no es verdad, pues viejos recuerdos vuelven a mí esta noche. Las sombras de mi pasado se dibujan y se muestran, entre las llamas de esta lumbre. Mi presente se junta aquí con mi pasado. Medio adormilado por este grato recuerdo, revivo escenas hace tiempo ya olvidadas, pienso, por ejemplo, en mi feliz infancia en tierras africanas, cuando el mar, las salinas y el desierto eran todo mi recreo. Y pienso también en esa chica de mi pueblo, a la que una vez amé, aún sin saber que la amaba. Aquella a quien desesperadamente busco ahora, para solicitar en vano su perdón. Los juegos del primer amor se entrelazan dentro de mis sueños, al igual que éstas brasas bailan y se abrazan, antes de morir. Pienso ahora que todos mis amores no han sido más que una prolongada búsqueda de ese amor primero, una lenta despedida de lo que nunca fue. Todo mi pasado vuelve a mí esta noche, y me hace ver más nítido que nunca su recuerdo, cuando hablaba con ella, aquella noche, junto a su casa, siendo aún un niño, en las calles de mi pueblo. Y cuando la dejé escapar, en aquel bar al que nada debo, salvo el perderla.

Cierro los ojos y su rostro viene a mí, una vez más; e imagino cómo habría sido todo con ella. De nuevo las luces crepusculares se agolpan y bailan en la hoguera. Empecé a amar demasiado pronto, sin saberlo, y me cuesta aceptar que siempre amé a la misma, buscándola en otros rostros, en otros labios, en otras manos y otros besos, sin darme cuenta de que ninguno de ellos era mío, pues mi hogar estuvo siempre donde siempre estuvo ella.

Es tan claro este pasado ahora, cuando nada hay que me despiste el pensamiento, cuando debo nada a nadie, cuando no he de rendir cuentas –salvo a mí mismo-, cuando siento que sólo amé una vez, sin yo saberlo.

Ahora ya es tarde, para todo; pero encontraré el camino a casa. Lo sé. Como sé que haré ese pico que me espera, al alba, con las luces del primer amanecer. Haré la cumbre, mañana. Y mañana mismo empezaré el descenso. Pero mi mejor recuerdo no será ganar la cumbre; mi mejor recuerdo será el de esta noche, el de este momento, el de estas horas en que, por un instante, y aunque fuera en mis delirios, la tuve tan cerca, que casi podía tocarla, que sentí que era mi amiga, que me cogía del brazo y me aceptaba entre los suyos, como en los tiempos de la infancia, cuando despertaba al amor, cuando le escribía inocentes cartas, cuando todo estaba por hacer, cuando estaba aún sin forjar el corazón, cuando aún me sentía en casa.

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Siempre Tu Nombre Amor Distante

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